El estrés

La piel y el sistema nervioso están estrechamente ligados. El estrés psicológico hace que el cuerpo libere unas sustancias químicas conocidas como neurotransmisores, que afectan a varios órganos del cuerpo, incluida la piel, y provocan reacciones en cascada que hacen que la función barrera de la piel se vuelva menos impermeable, con una ligera aceleración del ritmo de renovación cutánea. A su vez, la piel se vuelve propensa a inflamarse y, al estar debilitado el sistema inmunológico, éste no puede responder de forma óptima a la inflamación.

Además, Los propios problemas de la piel causan estrés, puesto que la piel juega un papel importante en la comunicación interpersonal. Las lesiones visibles, especialmente en las manos y la cara, pueden dañar la autoestima y conducir a ansiedad e incluso a depresión. Cuando las lesiones se presentan en áreas de piel visibles incomoda al que las padece, le dificulta relacionarse y al que interactúa con el enfermo le da curiosidad y hasta en algunos casos dudas de la posibilidad de contagio.